VIAJAR EN FAMILIA

Tuve el privilegio de nacer en una familia viajera. Mi bisabuelo y mi abuelo viajaron de Caracas a Colombia en carro, pasaron semanas en eso y ese relato constituye buen parte de mi imaginario infantil.

Mis tíos siempre cuentan de los viajes con mis abuelos, especialmente cuando fueron a Canaima y sólo estaba Rudy comenzando su campamento y tuvieron que hospedarse en el cuarto donde guardaban la lencería.

De pequeña los viajes familiares se llamaban jamborees porque en la familia había varios Scouts.

Nunca se me olvida que la primera vez que vi la nieve fue en Pico Espejo y nos rellenaron la ropa con periódico para protegernos del frío, al parecer así hizo el bisabuelo cuando mi mamá y mis tíos fueron y cuentan que la tía Inés casi se va por un barranco. Ambas generaciones recordamos el crujir del papel y bañarnos luego para sacarnos la tinta. También las risas, la emoción y la novedad de ver algo así en nuestro propio y tan tropical país.

Mi madre, Valentina Quintero, fue la primera que descubrió un oficio en esa felicidad familiar de trasladarnos, conocer nuevos parajes y disfrutarlo infinitamente. Yo lo heredé, lo agradezco y sé que cuando me toque ser madre cargaré a esa criatura para arriba y para abajo como un cangurito para que conozca la amplitud de esta tierra extraordinaria.

Viajar nos hace tolerantes, nos enseña que existen tantas maneras de ver el mundo como geografía y personas existen. Nos enseña a adaptarnos, a sonreírle a los extraños y a no hacerle ascos nunca a una comida nueva, una cama sencilla o la amabilidad de una mano extendida.

Viajar en familia es convertirlo en un ejercicio maravilloso de crecimiento desde la más tierna infancia. Enseñarle a tus hijos que existe un mundo gigantesco más allá de la cupulita de cristal en la que los criaste y despertar la curiosidad por salir a conocerlo. De todo lo que me enseñó mi madre, probablemente lo más valioso lo aprendí fuera de casa, en una playa, en la carretera o la primera vez que vi un tepuy a los cinco años.

Yo lo sigo haciendo y lo adoro. Hace nada reunimos a buena parte de la familia regada por Estados Unidos para pasar unos días juntos viajando y acampando en los Parque Nacionales de esa inmensidad de país y fue tan hermoso que cuando pienso en ello sonrío automáticamente. Cargábamos para arriba y para abajo un cartel que decía Fuerza Quintero para tomarnos fotos que compartíamos con el resto de la camada. Mis sobrinos, criados en inglés, se pasaron unos buenos días rodeados por su lengua materna, comiéndose los sabores de aquel país del que tanto han escuchado hablar y que algunos han visitado. Sueño con traerlos pronto, porque cuando vieron www.viajaralairelibre.com se entusiasmaron un montón con la idea de viajar con “tía Ari”. Fue un viaje de risas, de cataratas de amor filial y absoluta felicidad.

La familia es el centro de mi vida y viajar es la pasión que me mueve, por supuesto que unirlos sólo puede ser bueno y los invito con toda mi alma a hacerlo. Para sus hijos serán los recuerdos que buscarán en la memoria cada vez que quieran sonreír.

Por: Arianna Arteaga Quintero @arianuchis

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