Nacida en una Mochila

Ser la hija de Valentina Quintero implica haberme adaptado, desde muy temprano, a la vida trashumante de mi madre. Acampé por primera vez, en las costas de Aragua cuando tenía 2 meses de nacida. No supe lo que era un tetero calentado, me lo daban como estuviera donde estuviéramos porque quién calienta un tetero camino a Puerto La Cruz en un Volkswagen.

Mi mamá no tenía equipo de sonido en el carro, así que se cantaba, se jugaba y se hacían adivinanzas en la carretera para distraerme. Me sabía todas las de Serenata Guayanesa y algún bolero que me enseñaba mi madre cuando se le acababa el repertorio infantil. No conocí Disney hasta que a los 20 y tantos años fui de mi cuenta, pero para ese momento ya había ido al Salto Ángel dos veces, al Autana Tepuy en Amazonas, a Los Roques en velero, había hecho rafting en el Orinoco, navegado en curiara el Delta, buceado en Mochima y me había picado una culebra en Pozo de Rosas.

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Mi madre jamás vio limitado su espíritu de aventura por mi presencia, al contrario, ahora la aventura era andar juntas por ahí y, si bien tuve mis objeciones, entiendo cuán valioso fue ese ejemplo para mí.

Cuando yo tenía 14 años, mi mamá comenzó a hacer Bitácora, un programa de TV que recorrió Venezuela durante 16 años. Yo no podía irme con ella, pero de alguna manera, entre los cuentos, las fotos y los programas, viajé con Bitácora como lo hizo toda Venezuela.

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Supongo que por eso terminé estudiando Comunicación Social. En cuanto tuve las herramientas para trabajar en el programa fui asistente de dirección en varias oportunidades, recogí cables, cargué peroles y me dejaban asomarme en la cámara a ver cómo se hacía eso de ver Venezuela a través de un lente. Comprendí así que mi madre tenía el mejor trabajo del mundo y le propuse ser su socia en cuanto me gradué. Mi madre, que es cursi, aceptó con los ojitos repletos de lágrimas y la angustia de convertirme en su sombra.

Compartir la libertad de viajar con mi madre ha sido, es, la experiencia más enriquecedora que existe. Vivir juntas la pasión de conocer, de explorar, preguntar, investigar, sorprendernos, perdernos, encontrarnos ha sido una lección invaluable, algo que no podría haber descubierto de ninguna otra manera. Poco a poco esa libertad me lanzó al ruedo de mi cuenta, me proporcionó la valentía de emprender mis propios proyectos, crear mi propio idioma y moverme a mis anchas por el país y el mundo.

Viajar es vivir intensamente y yo me he dado el lujo de hacerlo con la mejor maestra de la vida: mi madre, Valentina Quintero, la viajera de Venezuela.

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Gracias madre por permitirme continuar tu legado.

Por: Arianna Arteaga Quintero – @arianuchis

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Una respuesta a “Nacida en una Mochila

  1. Maravillosa tu historia, siempre he admirado a ValentinaQuintero, algunos de mis amigos me decían Valentina porque me encantaba ver sus programas, me fascina viajar y compraba la agenda de viajes de Valentina, en fin , con ella viaje muchísimo jeje, y mas de una vez desee su vida su trabajo, siempre decía “ese es el mejor trabajo del mundo” fíjate fueron tus mismas palabras! Pues si, sientete muy orgullosa y agradecida de ser su hija! Dios las bendiga

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