¿Podemos correr como africanos?

Los resultados del último maratón de Londres demuestran, una vez más, que los africanos del este (casi exclusivamente kenianos y etíopes) son los reyes de la prueba. Las estadísticas indican que el 100% de los 25 mejores tiempos de la historia pertenece a este grupo de humanos. Como era de esperarse, su desempeño sobresaliente ha despertado el interés de los científicos del deporte y ha generado un gran esfuerzo de investigación para responder las preguntas relacionadas con este fenómeno. ¿Acaso estos atletas gozan de una ventaja biológica? ¿Si es así, en qué consiste? ¿Acaso su éxito es sólo de origen cultural o proviene de la casi mágica interacción entre genes y cultura? Más aún, ¿qué lecciones podemos aprender de los africanos para mejorar nuestro desempeño?

Desde hace un tiempo se sabe que los africanos (del este) son muy eficientes al correr. Específicamente, la cantidad de oxígeno que necesitan para desplazarse a velocidad de carrera es baja con respecto a corredores élite de origen étnico distinto. Cuando un corredor élite de origen caucásico se desplaza a un paso de 3:00 min/Km consume 200-220 mL de oxígeno en 1 Km. Zersenai Tadese, el eritreo poseedor de la marca mundial en la media maratón (58:23), consume sólo 150 mL, lo que representa menos de 60% de su consumo máximo de oxígeno. ¡A esta velocidad solo acumula 1,7 mmol/L de lactato en sangre capilar! En venezolano estricto: “va en góndola”, “a media máquina”. En pocas palabras, estos corredores tienen una mejor economía de carrera, un factor determinante para ser un campeón.

Responder por qué los africanos son más eficientes es sumamente complejo. Sin embargo, la ciencia ya ha aprendido algunas lecciones con el estudio profundo de estas máquinas de correr. Aunque hay evidencias genéticas que sugieren que los africanos poseen organismos especiales, hay dos atributos en particular que podemos modificar los mortales para maximizar nuestra economía de carrera: 1) aspectos antropométricos y 2) las propiedades elásticas de ligamentos, músculos y tendones.

Cuando corremos movemos cíclicamente las piernas, saltamos con una y frenamos la caída con la otra. Al aterrizar, los músculos tendones y ligamentos se cargan elásticamente y al saltar de nuevo, esta energía se libera, actuando como un resorte. Durante este movimiento, pantorrillas más anchas son más difíciles de mover. De igual manera, un peso corporal elevado es metabólicamente “más costoso” (el resorte debe generar más potencia). En otras palabras, un cuerpo liviano (¡qué difícil es!) y extremidades livianas son más económicos. Los investigadores también han asociado una mejor economía de carrera a la rigidez de estructuras como la fascia plantar, el tendón rotuliano y el tendón de Aquiles. En conclusión, extremidades y cuerpos livianos, en combinación con “resortes” más eficientes nos harán mejores corredores. ¡Los africanos, en efecto, poseen mejores “resortes” y pantorrillas livianísimas!

Ahora bien, para “enchular” nuestros “resortes” (con piernas fuertes y potentes) debemos entrenar de la manera correcta. Recuerden que piernas demasiado musculosas son ineficientes para las carreras de largo aliento y seguir las directrices de Schwarzeneger nos llevará directo al fracaso. En este sentido, los ejercicios de fuerza/pliométricos y el entrenamiento de pista de alta intensidad generarán las adaptaciones que nos interesan. Investigaciones recientes revelan que La Pista y los ejercicios conjugados (un ejercicio de fuerza combinado con saltos) aumentan la rigidez de nuestras estructuras, con un impacto positivo en la economía de carrera. Si para mejorar tus marcas consistentemente sólo corres a velocidades de carrera y no fortaleces, probablemente vas por el camino incorrecto. Debo apuntar que este tipo de entrenamiento es sumamente lesivo, debe dosificarse bien (por un experto) y el atleta debe contar con una buena base de fuerza.

En los siguientes artículos continuaré con esta discusión. La fascinación que me produce el animal humano es enorme. El hombre se presenta con una gran variedad de formas, colores y desempeños y los corredores del continente negro son ejemplo de esta plasticidad. Pero no debo dejar de decir que, aunque no hayamos nacido con los genes correctos para correr como africanos, un atributo común para toda la humanidad es el goce que produce la superación. Con un toque de inteligencia y dedicación, todos podemos ganarle al corredor que fuimos ayer.

Por: Federico Pisani – @fuconei

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