EL VALOR DE LA DERROTA

El atletismo es así, está en su naturaleza, es una lucha con consecuencias: te exalta con una victoria o te aplasta con la derrota. Aunque desde el inicio de la práctica deportiva nos exponemos al amargo dolor de ser vencido, se nos esconde la verdad detrás de eufemismos multicolores que con el paso del tiempo, bajo el lente diáfano de la experiencia, se devela. Perder duele.

Mi primera incursión en el deporte fue en las artes marciales. En el judo, el objetivo es dominar a tu oponente haciendo que pierda el balance y su capacidad de acción. La asfixia es la forma última de sometimiento y la evidencia inequívoca de la victoria. Tras breves meses de práctica comprendí el significado de dominar y ser dominado. Recuerdo particularmente una ocasión en la que me ahorcaron hasta mi rendimiento. Cuando tu oponente ejecuta una llave impecable y obstruye tu respiración, sientes ese terror primigenio que activa tus sentidos al máximo, el modo fight or flight (pelea o huye). Aunque sabes que la labor del maestro es detener la pelea, desde el fondo temes por tu vida, luchas con todas tus fuerzas hasta sobrepasar el umbral de la resistencia, luchas hasta claudicar. Entonces, al tiempo que el aire fresco vuelve a tus pulmones y la sangre oxigenada baña tu cerebro, te inunda la marea de miedo y vergüenza de la sumisión.

Como biólogo intuyo que en este juego subyace un código esencial para la vida social que contribuye a estructurar las relaciones entre individuos. Los que ganan y los que pierden se ordenan de acuerdo a este lenguaje y conforman la pirámide de una sociedad basada en la dominación. En la naturaleza, los más aptos se reproducen con más frecuencia y en el deporte, los coronamos en el tope del podio.

No obstante, la derrota esconde a su vez un significado más noble, ya que, representa una muerte simbólica o una “pseudomuerte”. El deportista convierte cada ciclo competitivo en una gesta contra la rigidez, el estancamiento y el olvido. Pero de cada fracaso se renace con una nueva oportunidad para transformarse. Luego, una carrera deportiva se convierte en una consecución de pruebas para la capacidad de supervivencia, donde el rival sempiterno puede incluso tomar formas sublimes o ficticias: un tiempo, una distancia o simplemente un número.

Para los más astutos, la derrota no es una muerte definitiva, sino una fuerza transformadora, una presión que alimenta el motor de la evolución individual.

Por: @fuconei – Federico Pisani

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Una respuesta a “EL VALOR DE LA DERROTA

  1. Muy buen artículo Fuco, yo hice judo varios años y acabo de revivir las repetidas ocasiones en las que perdí por estrangulación.
    Un gran abrazo.
    Marco T.

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